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07 de Octubre 2016

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Bomberos Iquique y el Terremoto de 1877 Imprimir E-Mail

  

BOMBEROS IQUIQUE Y EL

TERREMOTO Y MAREMOTO

DEL 09 DE MAYO 1877 

 
Imagen de muestra

El siguiente es el relato extraído de la historia de las “Compañías Ausonia” Nº 4 y “Germania” Nº 2, quienes a la fecha del terremoto por un problema interno, bajo el nombre de “Bombas Asociadas”, se mantenían independientes del Cuerpo que se había formado en el año 1875, aunque se subordinaban al mando este en caso de incendio.  El mismo año y después de los gravísimos acontecimientos que se detallan a continuación, ambas Compañías se reintegran al Cuerpo General.

Estos son los únicos antecedentes de la participación de los Bomberos de Iquique, en esta catástrofe que afecto a nuestra ciudad, el trabajo de compilación y trascripción de estos antecedentes fue realizado por el Voluntario Insigne del Cuerpo Don Italo Manniello Evangelista, cuando ostentaba el cargo de Superintendente del Cuerpo de Bomberos de Iquique, en el año 1990

 

TERREMOTO lNCENDlO Y MAREMOTO DEL 9 DE MAYO DE 1877 EN lQUlQUE

Copiado de la  Historia de la Compañía AUSONIA Nº 4,

 compilada POR lPPOLlTO ANSALDO (SECRETARIO).

1877, funesto para todas las Compañías de Bomberos de Iquique, lo fue doblemente para la Ausonia, que en el infortunio conquistó méritos, honra y gloria adornando su historia con una página envidiable.

Voy a contar el hecho con datos que me han procurado algunos veteranos de Compañía y sacándolos de la historia  del Señor Dimas Filgueira. Aunque mi pluma haga grandes esfuerzos no conseguiré, dar más que una pálida idea del día fatal, 9 de Mayo de 1877.

Imaginémonos un cielo nublado, bajo, lleno de electricidad, pesado como capa de plomo, uno de esos cielos como se ven fácilmente en estos ardientes países, siguiendo las leyes meteorológicas que rigen y gobiernan los cambios atmosféricos de este litoral.

Se sentía la atmósfera saturada de ese vapor invisible que solamente se manifiesta aquí en nosotros mismos por la respiración que se hace mas difícil, pesada, casi afanosa.

En estas condiciones se despertaba Iquique el 9 de Mayo, día en que se verifica la gran desgracia cuyo recuerdo todavía aterra.

! A tal ida.......! tal noche.

Era una de esas noches oscuras, frías, que podrían, llamarse tristes, porque infunden cierto malestar, cierta melancolía que nos obliga a retiramos antes de que costumbre bajo una mala impresi6n de la que no sabemos darnos cuenta, pero que existe realmente y cuya misteriosa influencias a pesar nuestro.

Eran cerca de las 8 P.M. cuando comenzó a oírse un rumor vago, sordo, y lejano, presagio de grandes desgracias.

Este rumor se hace poco a poco más cercano, más distinto, mas intenso, a tierra empieza a temblar ligeramente hasta que se siente sacudida por ligeras oscilaciones ondulatorias que aumentando gradualmente se convierten al final en un fuerte y terrible terremoto.

La duración y la violencia del sacudimiento fueron tales de hacer época en los anales de la Geología y la Historia de Iquique, en esta tierra, de formación  volcánica, en la cual los terremotos se repiten a periodos intermitentes, casi, con la misma constancia e intensidad que los incendios.

Todos conocemos el efecto moral que produce la sola alarma de semejante fenómeno, pero lo que no puede representarse en nuestra imaginación es la impresión sentida por los habitantes de Iquique en la terrible, fatal, y larga noche del 9 de Mayo de 1877.

Los desgraciados habitantes de este territorio, aunque constantemente amenazados y sufriendo con intervalos mas o menos frecuentes las dolorosas emociones de los terremotos, no podían, sin embargo, estar preparados ,para uno tan terrible como éste cuyos primeros rumores hicieron comprender cuan grandes serían sus tristes consecuencias.

Las puertas de las casas como movidas por una fuerza magnética, se abrían violentamente, y salió la gente de las habitaciones sin saber que hacer, aglomerándose en las calles como si la unión al aire libre, mitigando el terror del aislamiento, pudiendo aconsejar algún remedio contra el azote tan terrible, y no viendo en realidad mas que un ligero consuelo de la común desgracia.

La entera población que se había lanzado tan precipitadamente al aire libre, debió forzosamente producir una gran confusión, mas fácil de imaginar que de describir.

En tan críticas circunstancias no se ve más que correr arriba y abajo, formar grupos obstruyendo las calles, y no se oían más que gritos implorando  misericordia.

Sin embargo, del pánico los Bomberos, estos, filantrópicos y generosos soldados del progreso, al salir de sus casas por idénticos motivos que el resto de la población, corrieron a sus cuarteles con su proverbial abnegación para hallarse pronto en cualquiera circunstancia.

Desgraciadamente, no fue inútil la previsión; porgue poco después de oscuridad desapareció ante los siniestros resplandores de llamas que iluminaron de pronto los millares de rostros de una muchedumbre estupefacta, sobrecogida, aterrorizada que, hormigueando por las calles, contemplaba inmóvil la imponente escena que ofrece el rápido desarrollo de un gran incendio, ayudado por la fuerza del viento que, para mayor fatalidad aquella noche soplaba impetuosamente.

El incendio fue  consecuencia natural de la violenta sacudida del terremoto, que hizo caer por tierra una lámpara de petróleo;  una vez en el suelo comunicó rápidamente a las paredes y muebles el fuego que debió en breve tiempo destruir el edificio.

Aunque no fuera realmente necesario se dieron, como de costumbre los correspondientes toques de alarma, cuyo lúgubre sonido hizo todavía mas triste la escena, y las Compañías de Bomberos corrieron a su puesto a combatir el formidable enemigo que con tanta violencia se presentaba desde el primer momento.

La Ausonia salía con su bomba a vapor y tomó un puesto central, colocándose en la calle de Zela, hoy Luís Uribe, cerca del paredón que había al norte del edificio de la Aduana.

Este era el punto más cercano al mar. AI momento extendió las mangueras en dirección conveniente y la bomba comenzó a echar agua a todo vapor.

Siendo mi misión el relatar solamente los hechos de la Ausonia, no puedo ocuparme de los trabajos en que tomaron parte las demás Compañías, las que en esta ocasión, como siempre, se portaron con admirable valor, jamás desmentido en el cuerpo de Bomberos de Iquique.

Habían transcurrido algunos minutos dedicados al trabajo, cuando de pronto se estremeció terriblemente el cuelo a consecuencia de una segunda acudida, seguida de una tercera, igual efecto producido fue como una conmoción magnética trasmitida por una corriente misteriosa!...

En cada individuo de aquella masa viviente, estática, embrutecida inerte y resignada que contemplaba el incendio revivió  la impresión del terror y en aquellas descompuestas fisonomías de las que iban desapareciendo poco a poco las huelas que dejaba la terrible oscilación primera, imprimieron las nuevas sacudidas los signos manifiestos de la angustia suprema, el sello del pánico mas horroroso.

Las madres, estrechándose al pecho los tiernos hijos y arrastrando por la mano los mas crecidos, corrían como locas; los que habían vuelto a sus viviendas, creyendo pasado el peligro, las abandonaban de nuevo precipitadamente, todos buscaban refugio al aire libre, en los puntos mas artos de la ciudad, los maridos apresurando el paso de las mujeres para ponerlas a salvo, las madres el de sus hijos.

Y los ancianos?..... Y los enfermos?... para quienes era mas difícil salvarse de un peligro tan inminente, tan cierto como desconocido ?......
Qué, tristes momentos no pasarían?.....
Cuántas y cuántas existencias no serían abreviadas por el pavor y el abandono?

El pánico y el terror general son indescriptibles, y sin embargo los Bomberos continúan en sus puestos. Vistos desde lejos iluminados por la siniestra luz de las Ilamas parecían sombras fantásticas más bien que seres humanos.
Hubo un momento de tregua! ..........

Calmados el rumor y las sacudidas del terremoto, creció todavía mas el entusiasmo de las bombas que se preparaban a dar al fuego el último ataque y ver de dominar el incendio definitivamente.

La bomba Ausonia que se encontraba cerca del mar, del que sacaba agua, se encontró, que aunque seguía funcionando no la absorbía ni de consiguiente podía arrojarla.

Los bomberos no pueden darse cuenta, buscan la causa y al cabo de algunos minutos se aperciben que las aguas del mar se están retirando, dejando el aparato absorbente en seco.

Es raro, es difícil que durante los momentos graves de cada existencia no se tenga, por cualquier motivo, un momento de duda o incertidumbre para darse cuenta d un hecho o para tomar rápidamente una determinación que nos pueda salvar de un nuevo peligro que nos amenaza. La estrella que guía los destinos de los bomberos de Iquique no quiso que se escaparan a tan dura experiencia.

Pasado el momento de tregua, empezaron a reunirse alrededor de la bomba para consultarse. Todas las preguntas fueron abandonadas al oír un sordo rumor que semejante a un rugido parecido desencadenarse de las entrañas mismas de la tierra y elevarse al Cielo como protesta de la Naturaleza que presagiaba un inminente desastre.

Nuestros voluntarios comprendieron, previeron por una rápida visión las funestas y temibles consecuencias que podían sucederse. La misma idea asaltó la mente de todos como un rayo, y cada uno de ellos, que un momento antes la había considerando como absurdo presentimiento inspirado por el ruido general, vio inminente la inesperable catástrofe.

La rápida visión era una realidad!.....

Que atroz y funesta realidad!....

El mar, que había abandonado su lecho normal, como para adquirir mayores fuerzas en la  desastrosa  carrera  que  se  disponía  a  emprender,  avanza  lentamente,...pero amenazador....avanza hacia la tierra, escala el muro donde se hallaba colocada la bomba Ausonia y la vuelca y arrastra varios metros con su impetuosa masa de agua.
 
El Capitán Francisco Richini y el teniente ingeniero Tomás Rider que se encontraban cerca de la Bomba se vieron también envueltos entre las olas y únicamente haciendo supremos esfuerzos pudieron salvarse.

Los bomberos, firmes hasta el último momento, esclavos voluntarios del deber comprendieron su falsa duda, no habiendo posibilidad de oponerse y combatir el nuevo elemento que los amenazaba,....dieron la voz de alarma ¡el mar! ¡el mar! palabras que son repetidas por millares de voces, y se alejan  abandonando con harto sentimiento la Ausonia en poder de las olas, tranquilas en apariencia, pero que avanzan siempre imperturbable en su majestuosa grandeza.

No hay tiempo para reflexionar y se produce una huida general, consecuencia de un nuevo y aun mas terrible pánico.

¡Se extingue el incendio! Iquique vuelve a faz tinieblas y la inmensa masa de agua sigue avanzando dentro de la población en una extensión de trescientos metros. De pronto, se detiene un instante, como si cansada de su carrera quisiera reposar de la inusitada fatiga.

Luego se retira, primero lentamente, para emprender una carrera rápida y vertiginosa que causa más perjuicios que los producidos en el avance de las aguas. En esta segunda carrera envolvía, arrastró y absorbió con espantosa rapidez cuanto en la primera había roto y destrozado.

Dos gallos de mangueras de nuestra Compañía fueron envueltos y arrastrados al fondo del mar.

En este acontecimiento, la población, ya llena de angustia, presa de un Terror inexplicable, aun mas terrible por ser producido por causas desconocidas, bajo el peso de la superstición que ejercita su opresora influencia en casos  semejantes, no solo en la plebe sino también, por natural contagio en las personas cultas, busca y hasta encuentra en el hecho un castigo y convierte al Todopoderoso en un Dios de venganza, lo que contribuye a abatir cada vez mas el ánimo y hacer mas terrible la situación.

Después de la voz de alarma, ¡el mar! ¡el mar!, el instinto de conservación que predomina siempre hizo refugiarse a la entera población en los puntos mas elevados y a mayor distancia de la orilla del mar. Fueron preferentemente elegidos los pequeños promontorios que se encuentran al levante de la Ciudad, cerca del cementerio. Allí entre plegarias de unos y las imprecaciones de otros, esperó la población el fin de aquella noche angustiosa e interminable.

A pesar de esto, los valerosos bomberos de la Ausonia, salvados  milagrosamente del desastre, no pierden el ánimo y procuran reorganizarse para recoger los restos del material que la codicia de las aguas había respetado.

Ya habían puesto manos a la obra, cuando el mar rompe y sobrepasa por segunda vez el limite natural, se adelanta nuevamente por las calles de la ciudad, que no tienen aspecto de tales porque en muchas partes no quedan ni los restos de los edificios, y aunque con menos ímpetu que la primera vez, arrastra, sin embargo, al retirarse, cuanto había en su abandonado, o le había resistido al choque de su primer desborde.

Esta segunda inundación fue la que destruyo y se llevo tras de si el cuartel de la Ausonia con todo cu material y archivo de la Compañía, no dejando ni huellas del edificio.

No es fácil continuar en los detalles de tan funesta noche, que principió con el terremoto, siguió con el incendio y concluyó con la inundación: elementos todos suficientes para producir un caos que mi pluma renuncia a describir.

Dejo más bien libre a la imaginación del amable lector que haya tenido la cortesía de seguirme hasta aquí, de formarse una idea del cuadro que presentar tan terribles escenas como hubieran de presentarse en aquel desgraciado acontecimiento.

Añadiré, tan solo que, anunciadas siempre por el sordo rumor que las precede a las sacudidas, más o menos impetuosas, se sucedieron a pequeños intervalos hasta las 2 1/2 de la mañana.

En aquella profunda y tenebrosa oscuridad no se oían mas que lamentos y llantos de los niños y gritos de la mujeres, motivados todos por la incertidumbre en que se hallaban sobre la suerte de personas queridas de las que se habían violenta e involuntariamente en los momentos de pánico, y por el temor de la completa perdida de sus bienes. Cada hora que pasaba era para aquella muchedumbre, entumecida por el frío y aniquilada por et terror, un largo e interminable siglo.

Al despuntar la aurora se iluminaron los rostros, marcados por las hondas huellas del miedo y del dolor, todavía latente ¡Que conmovedor espectáculo!
Allí, el infortunio era común. La naturaleza no respetó grado, ni sexo ni condición social.

Sin excepción alguna, sin consideración de ningún género, la desgracia había igualado el rango de todas sus víctimas.

Señores y señoras de la población se hallaron medios desnudos en medio de la gente más ínfima, agobiados todos por la misma fatalidad, por el mismo dolor e incertidumbre del día de más.

Solamente después de la salida del sol se pudo medir con la vista el inmenso desastre producido en pocos minutos por el cataclismo de la noche.

La Ausonia había perdido su material y solamente pudieron sacarse del fondo del mar dos gallos de manguera uno cerca del muelle, y el otro mas afuera, en el bajo llamado el Toro.

La bomba se encontraba  en tal estado a consecuencia del fango que se había introducido por todas partes y de las sufridas averías, que fue necesario hacerle una completa reparación para que pudiere funcionar regularmente, y si el mar no la arrastró consigo fue debido únicamente al muro que existía en el sitio donde se colocó para dar agua al incendio.

Los perjuicios sufridos por la Compañía fueron de más de 6.000 soles (plata fuerte).

La ilustre Municipalidad tomando en consideración a estos motivos, le concedió un terreno en la calle Zela, hoy Luís Uribe, contiguo al concedido a la  Compañía Germania No. 2 que había corrido igual suerte.

En dicho sitio, nuestra Compañía por un lado y la Germania por el otro, construyeron sus cuarteles que les dieron hospitalidad hasta el 23 de Octubre de 1880.

En honor a la verdad hay que decir que la actitud de los voluntarios de la Ausonia en tal circunstancia fue tomada en consideración por el Gobierno ltaliano que confinó a su Bandera la Medalla de plata acordada al valor civil.

Inserto aquí et Decreto Real: 

EL MlNlSTRO SECRETARlO DE ESTADO PARA LOS NEGOClOS DEL INTERIOR.

REINO DE ITALIA

(DECRETO No. 7.090)

 Visto el Real Decreto de 23 de mayo de 1878 por el cual fue conferido a la Compañía de Bomberos Voluntarios ltalianos la Medalla de Plata al Valor Civil por los actos cometidos el día 9 de Mayo de 1877 en Iquique (Perú) salvando con manifiesto peligro de la vida a muchas personas en peligro por la inundación y el terremoto que destruyeron aquella ciudad, y a mas por causa del incendio.

 Notifica a la Benemérita Compañía de Bomberos de la soberana concesión mencionada, y expide a la misma esta notificación en testimonio del honor obtenido, del que se dará cuenta en la GACETA OFICIAL DEL REINO.

Roma, 24 de Mayo de 1871

EL MlNlSTRO
Giuseppe Zanardelli. 

Descripción de la Medalla:

Medalla de Plata, en el centro el escudo de Italia, con la cruz de Saboya, arriba en semicírculo: AL VALORES CIVILIE, al reverso en tupida corona de encina, amarrada abajo con cinta, gravado el siguiente lema:

COMPAGNIA
DEI
POMPIERI ITALIANI
EN IQUIQUE
(PERU)

9. MAGG. 1877

 
Imagen de muestra

Tan honorable recompensa fue bien merecida por quién al poner en el cumplimiento de su deber todo su esfuerzo personal, se siente animado de un alto espíritu de abnegación, altruismo, y sacrificio, cualidades todas que brillaron mas que nunca en cada bombero la noche fatal de 1877.

COMPAÑÍA ALEMANA DE BOMBAS BOMBA GERMANIA


Relación general sobre lo acaecido en la Sociedad de Bombas desde el 09 de Mayo al 21 de Junio


A consecuencias del fuerte terremoto ocurrido el 08 de mayo a la 8.20 horas de la noche, se produjo un incendio en el despacho perteneciente a Lucas Broden en las  cercanías de la Bomba.

Nuestra Compañía se presento inmediatamente en el lugar armando nuestras mangueras subiendo directamente por la calle Zela ( Hoy Luis Uribe) hasta la plaza de allí por la calle Tarapacá hasta la residencia de Roberto Hartmann y al llegar aquí se coloco la Bomba de la Primera Compañía (Peruana) para recibir agua de nosotros.

Luego que las mangueras habían estado armadas a corto tiempo y cuando la bomba según nuestro ingeniero tenia una presión de 30 libras, en muy corto tiempo  de 10 minutos se salio el mar a consecuencia del  terremoto, el agua que  afluía arrastro violentamente la bomba cerca de 20 pies calle arriba y al retroceder la trajo nuevamente.

El personal  que atendía la bomba debió abandonar el lugar para salir de la peligrosa situación.

Ha causa de este incidente nuestra compañía no pudo participar activamente en la extinción del fuego.

Hacia las 10 ½ de la noche la bomba estaba al revés con la chimenea en dirección a y agua al agua y por encima del baluarte de la Prefectura, la casa de la Cía. Rimac donde había estado primeramente.

Luego que retrocedió  el mar,  juntamos nuestras mangueras las enrollamos  y colocamos los carros de mangueras bajo guardia en la playa, seis tiras de manguera no pudieron se enrolladas por cuanto habían sido cubiertas por los escombros de las casas arrastradas por el agua, no obstante el mar hizo inmediatamente que aclarara, de modo que no hubo que lamentar mas daño y la perdida de las mangueras.

Dado que había poco e insuficientes cuadrillas de militares de seguridad, nuestra compañía  debió poner  a resguardo  la bomba dañada y que como no había local, la llevamos a la Herrería de Franz Dunschede, los carros de manguera, la bomba manual y junto con el material restante quedaron en el corralón de la firma Gildemeister y Cía.

Según se asegura por personas dignas de créditos se ha dicho que anoche alrededor de las 10 ½, nuestro cuartel fue barrido por las aguas con todo su contenido.

La bomba manual se encontró en la mañana s siguiente sin mayor daño,  igual que los carros de  mangueras pertenecientes a la compañía, el que junto con todas las mangueras, de  aquellos  algunos dañados y de estas ultimas en buen estado.
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De la bomba  a vapor y de la manual se perdieron de cada una manguera de aspiración.

Del inmueble de la casa de bombas (Cuartel) no se hallo nada.
La bitácora y demás documentos que se guardaban en la casa de bombas, no volvieron a aparecer.

A fin de determinar las pérdidas se hizo un inventario por parte del Capitán y del primer oficial para primeramente encargar a Inglaterra lo más necesario que faltaba.

El señor Rosland (administrador) de los Ferrocarriles Salitreros de Tarapacá, se ofreció muy gustoso para reparar con su personal y poner en condiciones de trabajo nuestra Bomba, en la cual se había roto completamente el regulador de aire pequeño el que se había dañado fuertemente, igual que el cajón para guardar  herramientas u otros utensilios, que había sido arrancado  completamente.

Las partes más delicadas de la bomba no habían sido dañadas con excepción de la parte que va el pistón de la bomba que había sido hundido ligeramente.

La reparación marcho por supuesto en forma lente pero a comienzos de Junio pudimos llevar la Bomba al cuartel  armada provisoriamente, junto con todo el material perteneciente a la compañía.

Don Antonio Ceballos nos facilito, para armar nuestra casa de bombas (cuartel provisoriamente en superreno situado detrás de la iglesia, en las cercanías del Cuartel Frances).

El Primero de Junio  se hizo un ejercicio a fin de probar la bomba donde salieron a luz algunas pequeñas deficiencias, sin embargo según la convicción general, se puede destacar como resultado de la prueba, que la bomba a vapor esta en condiciones de operar. La caldera se probó a 18 libras.

La bomba manual como ya se ha dicho ni sufrió daños y durante la prueba trabajo a completa satisfacción de todos.

Se vio la necesidad de revisar la caldera de la bomba a vapor y quitar la suciedad, pero había que esperar para hacer estos trabajos hasta que este terminado el nuevo cuartel previsto debido a la falta de espacio y comodidades en el cuartel provisorio.

Por parte de los directivos de la Tercera Compañía  la que había perdido su cuartel se ha efectuado una colecta con el objeto de reunir fondos para la construcción de nuevo de la casa de Bombas y la adquisición de material perdido.

El Agente principal de la  P. St. N. C. del Callo reclamo el monto del flete remitido a nosotros.

El Cuerpo de Oficiales de la Compañía de Bomberos Alemana

  • Traducción del Libro de Guardia de la Compañía Alemana de Bomberos de Iquique, hecha por Conrado Pop, año 1988
  • Transcrita por Italo Manniello Evangelista, Superintendente C. B. Iquique.
 
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